
Ciro restaura los vasos del Templo de Jerusalén. Estos vasos fueron robados en la destrucción del Primer Templo, cuando el caldeo Nabucodonosor lo arrasó en 587 a.C., y fueron reentregados por Ciro el Grande, primer monarca del Imperio Persa, en muestra de respeto al sacerdocio de Jerusalén. El grabado es de Gustavo Doré.
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