
La ejecución de Atahualpa. Para pagar su rescate, el señor del Imperio Inca mandó a llenar una habitación completa de oro hasta la altura de su mano extendida. Pero una vez cumplida la oferta, el conquistador español Francisco Pizarro decidió que era demasiado peligroso dejarlo ir, y ordenó ejecutarlo. Se le condenó a la hoguera, pero como aceptara bautizarse, se le concedió la gracia de ser estrangulado primero.
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